Según el tipo de circunstancias en que te retrases con el pago de tu préstamo, entras dentro de una u otra tipología de deudor. Eso supone dificultades o posibilidades de solución. Por eso te conviene responder a la pregunta ¿qué tipo de deudor soy?
Para descubrirlo empecemos con un test sencillo.
Si todas o las mayorías de tus respuestas fueron:
Ahora conoce con más detalle qué significa cada una de estas definiciones y las implicaciones que tiene eso para tus finanzas.
Se trata de aquel cliente que consigue un crédito teniendo desde el principio la intención de no pagar el compromiso o hacerlo a la vuelta de mucho tiempo.
Es el deudor más complejo para las organizaciones bancarias y para las empresas de gestión de cobranza.
Cuando se le pregunta por su pago, suele recurrir a objeciones; es decir, niega las condiciones del préstamo: “ese crédito no es mío”, “a mí no me dijeron que esa era la tasa de interés”…
Si el cliente no modifica su actitud, lo más probable es que la institución bancaria se vea obligada a iniciar un proceso legal contra él.
Se trata del usuario que posee liquidez, pero no salda su compromiso crediticio para ganar tiempo; es decir, usó el préstamo para financiar sus operaciones.
Más que objeciones, presenta evasivas para dilatar el pago: “El seguro que contraté debe hacerse cargo de esas cuotas”, “no es conmigo, la deuda está a nombre de mi esposo/a”…
Es el tipo de cliente que también tiene liquidez, pero en este caso se retrasa porque olvida las fechas de sus pagos, las cantidades de las cuotas y los detalles de su(s) endeudamiento(s).
Es el caso menos difícil dentro de la gestión de cobranza, pues, basta con hacer los recordatorios para que se efectúe el pago.
Advertencia: aunque pague tarde, esas moras constantes van generando una alerta en los burós de crédito, y la obtención de futuros préstamos se hace más difícil. Es decir, se le pone una tasa de interés más alta por considerar que se trata de un cliente riesgoso.
Según el tipo de circunstancias en que te retrases con el pago de tu préstamo, entras dentro de una u otra tipología de deudor. Eso supone dificultades o posibilidades de solución. Por eso te conviene responder a la pregunta ¿qué tipo de deudor soy?
Para descubrirlo empecemos con un test sencillo.
Si todas o las mayorías de tus respuestas fueron:
Ahora conoce con más detalle qué significa cada una de estas definiciones y las implicaciones que tiene eso para tus finanzas.
Se trata de aquel cliente que consigue un crédito teniendo desde el principio la intención de no pagar el compromiso o hacerlo a la vuelta de mucho tiempo.
Es el deudor más complejo para las organizaciones bancarias y para las empresas de gestión de cobranza.
Cuando se le pregunta por su pago, suele recurrir a objeciones; es decir, niega las condiciones del préstamo: “ese crédito no es mío”, “a mí no me dijeron que esa era la tasa de interés”…
Si el cliente no modifica su actitud, lo más probable es que la institución bancaria se vea obligada a iniciar un proceso legal contra él.
Se trata del usuario que posee liquidez, pero no salda su compromiso crediticio para ganar tiempo; es decir, usó el préstamo para financiar sus operaciones.
Más que objeciones, presenta evasivas para dilatar el pago: “El seguro que contraté debe hacerse cargo de esas cuotas”, “no es conmigo, la deuda está a nombre de mi esposo/a”…
Es el tipo de cliente que también tiene liquidez, pero en este caso se retrasa porque olvida las fechas de sus pagos, las cantidades de las cuotas y los detalles de su(s) endeudamiento(s).
Es el caso menos difícil dentro de la gestión de cobranza, pues, basta con hacer los recordatorios para que se efectúe el pago.
Advertencia: aunque pague tarde, esas moras constantes van generando una alerta en los burós de crédito, y la obtención de futuros préstamos se hace más difícil. Es decir, se le pone una tasa de interés más alta por considerar que se trata de un cliente riesgoso.
Se trata de personas que han contratado un préstamo, lo hacen con toda la intención de saldarlo, pero en un momento se presenta un imprevisto: emergencias médicas o gastos de salud, daños imprevisto a sus propiedades y razones similares.
Pero lo más importante es: estas personas tienen el interés de pagar sus compromisos con las entidades financieras. Por lo tanto, buscan oportunidades para negociar con estas instituciones mientras ponen en marcha planes de ahorro y de ingresos adicionales.
Tanto los bancos como las empresas de cobranza profesional conocen estos perfiles y saben identificarlos. Distinguen evasivas y objeciones para el pago. Identifican, además, patrones de comportamiento financiero.
O sea, saben cuando una persona quiere honrar sus compromisos y cuando no. Terminar una llamada telefónica no es una solución, negarse a hablar con el banco o la agencia de cobranza tampoco. Se interpreta como renuencia a cumplir.
Mientras que hablar, negociar, presentar planes de pago son vistos con buenos ojos en el sistema financiero. Hablan de una persona que se interesa por su reputación crediticia, quiere seguir haciendo negocios en el futuro y crecer económicamente, pese a que tiene un revés en la actualidad.
Lo mejor es comunicarse siempre, decir la verdad y acordar salidas a los endeudamientos en mora, incluso cuando están en legal; nunca es tarde para entenderse y honrar los compromisos crediticios.