Un crédito de consolidación de deudas puede ser muy atractivo. De buenas a primeras promete bajar las cuotas y una tasa de interés más baja. ¿Qué podría fallar?
Ciertamente es un mecanismo válido para desahogar las finanzas en momentos de sobreendeudamientos, pero ¿qué originó esa carga excesiva de deudas? ¿Ya te preguntaste si esa situación de fondo se solventó?
A continuación, te presentamos cuatro factores a considerar y arreglar cuando se quiere tomar una consolidación.
Hay que evaluar muy bien las promesas del crédito de consolidación. Sí, la tasa es más baja generalmente que el conjunto de las otras deudas, ¿pero esa tasa se mantendrá así los 12 o 60 meses que dura el crédito?
Algunos bancos contemplan revisiones periódicas de la tasa. Así que es mejor preguntar cada cuánto se revisará y cuánto (al menos en estimado) pudiera variar.
Otro elemento es que este tipo de préstamos tiene también una cuota más baja, por lo general, de lo que debes desembolsar por el conjunto de varios préstamos. Así que permite cierta capacidad de ahorro.
Genial, ¿no? Pues, sí, incluso podrías guardar algo para amortizar la deuda o pagarla por anticipado. Pero debes revisar si el banco tiene penalidades por hacer este tipo de abonos o saldos.
Otra cosa que podría encarecer el préstamo son las comisiones por gastos legales o por el cierre. Verifica con tu banco que tan elevados son. En algunos casos se establece un porcentaje en función del monto global del préstamo. Si el porcentaje es muy bajo, podría serte rentable; de lo contrario, podría sumarte gastos.
Otros aspectos que te convendría revisar en los momentos de consolidar son:
Toma en consideración que si tienes muchos créditos activos (tarjetas, vehículo, personales y de estudio, por ejemplo), quizás no tienes que consolidar todos, sino que podrías hacerlo con algunos de ellos.
¿Fue por gastos impulsivos? ¿Mala planificación financiera? ¿Una emergencia personal o familiar? ¿Desempleo? ¿Intentar tener un estilo de vida por encima de tus ingresos reales?
Si las razones que dieron origen a tu sobre endeudamiento obedecieron sobre todo a caprichos y malas decisiones económicas, la consolidación no te va a ayudar mucho si no has corregido esas fallas.
Antes que pedir una consolidación, es mejor que pongas en práctica medidas de austeridad, registro de tus gastos, limitación de los gastos superfluos, llevar un presupuesto mensual o buscar asesoría profesional.
En casos como el desempleo o las emergencias de salud, la consolidación pudiera ser una ayuda. No obstante, calcula si el costo por separado te sale menor que el costo de la consolidación.
Al ser, generalmente, más largo y con posibles subidas de las tasas, el préstamo podría ser más caro al final.
A propósito de lo anterior, evalúa si puedes llegar a alguna negociación con tu(s) banco(s) para conseguir alguna flexibilidad que abarate el saldo:
Si logras una mejora de este tipo o alguna otra que consigas en asesoría de tu entidad bancaria, quizá podrías abaratar el pago de tus compromisos crediticios, además de hacerlo en menos tiempo.
Si, por el contrario, no consigues ningún beneficio y la consolidación te ofrece cuotas más bajas, una tasa sin variaciones o con revisiones más dilatadas, un lapso adecuado para no encarecer tanto su saldo completo; pues, la consolidación es una buena alternativa para ti.
Sobre todo, en aquellos casos en que el sobreendeudamiento se produjo por compras y gastos impulsivos con plásticos crediticios, lo mejor es eliminar esa tarjeta o varias de ellas cuando se poseen más de una.
La consolidación no te ayudará ahorrar dinero verdaderamente si sigues gastando a manos llenas con el plástico.
Lo mejor es aplicar una de estas tres opciones:
En el fondo, lo que puede hacer más efectiva una consolidación es tener hábitos económicos sanos, ahorrar y tratar de cerrar el saldo total antes incluso de lo estipulado inicialmente en el préstamo.